Time after time

(Un relato de viajes)

PastedGraphic-1“No pido a la vida nada sino que se deje mirar”. Esta sencilla reflexión personal la hizo Cesare Pavese en uno se sus adictivos relatos. Yo solo pediría que fuera el mar quien se deje mirar.

Porque es sorprendente comprobar como algo tan visto e ignorado como la orilla pueda resumir aspectos tan sutiles de nuestra vida; por un lado el rugido de las olas de Poniente ahoga todo el ruido de ese mundo que queremos olvidar, y a la vez el continuo vaivén de nuestra memoria mimetiza el movimiento rítmico del mar.

Nos sentamos en cualquier playa, dando la espalda a una vida que a veces es inexplicable, frustrados por esa manía tan humana de querer analizar y encontrar una explicación a todo, y de repente se esfuma el mundo. Intuimos, incluso vemos, recuerdos que parecen flotar en esa zona alejada del litoral, una zona que solo alcanzaríamos si hubiera un barco a mano, pero ese barco resulta no estar nunca cuando lo necesitamos, de modo que nuestro pasado queda al albur de las corrientes, de los vientos y de las olas para volver a su origen, nosotros.

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Atemporal shimano

Suena Chet Baker, Time after Time, una y otra vez. Suena por la mañana, una mañana amplia de octubre, sin horas, tranquila. Pasan las nubes lentas y el piano marca un compás limpio, el sonido de la trompeta viene como una brisa.

Su propia brisa.

Un descanso en el trabajo, estoy en casa y de una palmada cierro el portátil. Cojo la libreta roja, el lápiz, y salgo a la terraza. Llega el jazz atenuado desde el interior, el piano sube el ritmo pidiendo paso. Surge una voz íntima de fondo, de hombre. Joe Barbieri canta lento, sin prisas. Le sobra el tiempo. A lo lejos, muy al norte, se iluminan los acantilados del Torcal.

Vivo a las afueras, por donde pasan esos hombres que huyen, vivo donde muere la playa, donde planean los cormoranes buscando la noche, pasa la gente en charla automática y malediciente, vivo donde se cuela el aire del mar entre los eucaliptos. Cuando sopla fuerte se detiene el piano y sube dos tonos Barbieri. Huyen los hombres, de su propio silencio, conducen o caminan a prisa, ocupan todos los carriles, pero no generan brisa, tanto ruido solo genera temor, y mas prisa.

Ahora les acompaña una mujer, va delante con una bandera blanca, va ahogando el sonido del viento, el ruido de la misma huida. La mujer les indica el destino de la marcha, hacia el destierro les grita, y aprietan la marcha todos a la vez. La voz femenina asusta a Barbieri, pero no puede con el piano de Baker.

Los hombres a la huida arrastran el ruido de sus palabras, de sus máquinas demenciales. Y el silencio, viejo diablo, siempre esquivo, no se deja atrapar tan fácilmente. A esos hombres, que arrastran el ruido como cadenas de presidiario, se les hunde la orilla a cada paso, el oleaje no les sopla, y sus piedras son rocas calizas que se desmoronan con el viento. Dejan la ciudad sola, callada, en silencio. El carril bici queda vacío. Para mi holandesa, para mí.

Palabras, máquinas, frases interminables, artefactos a motor de combustión, inventados por ellos mismos, parrafadas que queman, pistones y bielas engrasadas, mecanismos autónomos y contaminantes. Como un ejército de madrugada, con la furia desatada a la altura del telepeaje, las tarjetas de crédito levantando barreras solo para huir mas a prisa, solo para seguir a la carrera. Un run run parlanchín, hombres guiados por mujeres de lengua hastiada, un palabrerío sin fin hacia el argumento definitivo que supuestamente acabará con esta conversación mercantil, en una explosiva fusión. Y las víctimas… yo… en los arcenes de la insumisión. 

Vuelve el silencio, la voz de Barbieri, el piano de Baker, para quedarse en la ciudad callada, en  estas afueras mias, con la orilla repuesta ya por el oleaje.

Termina el jazz dando un salto a la bicicleta. Rendido a ella, como dos enamorados, mi holandesa y yo recorremos el paseo de poniente todas las mañanas, atrapando el silencio, time after time, una y otra vez, hacia las grúas del puerto, a la caza de la felicidad que genera nuestra propia brisa, el carril rojo y desierto, los oasis entre nosotros y el mar, la vida sin añadidos. El Silencio llega al mundo en bicicleta, sobre un rumor de cadenas limpias y timbres de metal viejo, el clack atemporal de Shimano, cambiar de ritmo sin necesidad, el deseo girando con los pedales. Sale un crucero del puerto hacia el Atlántico, va sin prisa. A lo lejos van los furiosos conductores con la mujer gritando al frente, la bandera sucia de polución, se alejan de las afueras, corren hacia su teclado suave y envenenado, hacia la telaraña social de FB.

El silbido adicto del mensaje de WhatsApp, que se va convirtiendo en el sonido de la Eternidad.

Son diez kilómetros de ida y vuelta y siempre nos volvemos a casa sin la felicidad, pero la holandesa me guiña con su faro cromado: nos basta con seguirle el rastro, al ritmo de Chet Baker, Madeleine Peyroux o  Gianmaria Testa. ¿Nos llegó la sal de mar, no? pues de eso se trata, la felicidad sin buscarla, sentir solo su rítmico equilibrio, el rumbo hacia las grúas del puerto, sobre el carril bici zigzagueante. Que huyan, que griten, que hablen sin parar, nosotros seguiremos enamorados, echando vistazos a los lados del paraíso.

Acabamos en el oasis de siempre, nos tumbamos bajo nuestra palmera, me abraza con su manillar curvado, me rodea con su cálida estructura negro mate, y miramos al mar del otoño. Cuando tengo los ojos cerrados siento que me coloca los auriculares, puedo leer sus labios: “escucha esto, Heroes & Saints de Nickolai Grandjean”. Y la felicidad vuelve, con su propia brisa.

José María Sánchez Alfonso. Octubre 2016

¿Existe París?

Torre_Eiffel-125_aniversario-Francia-Paris_MDSIMA20140331_0345_35El reloj ilumina la mesita de noche con la luz tenue y rojiza de sus números digitales, marca las 3:47 am. Hace varias horas, sobre las once, mi mujer me dio las buenas noches con un suspiro, y de un giro se abrazó a su almohada. Es noviembre y la casa está fría.

Ya no llega el resplandor de las farolas del parque, se apagaron automáticamente a las 3 en punto dejando al dormitorio en una densa e interrogante oscuridad propia…

Os dejamos este nuevo relato de nuestro socio José María Sánchez Alfonso.

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Teoría del desembarco

TeoríaOs recomendamos este relato de nuestro socio y escritor José María Sánchez donde personajes complejos nos cuentan la historia de un desembarco que envuelve y asedia en salmuera y calima a una ciudad cercana y conocida. Una historia que nos muestra como podemos dar por asentada y estable la realidad cuando en cualquier momento nuestro mundo cotidiano puede dar un vuelco de ciento ochenta grados.

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La tiranía del olvido

La tirania del olvido¿Por qué la ciudades donde hemos vivido nos marcan de tal manera?, ¿Cómo pueden las calles recorridas llegar a las afueras de nuestra memoria y morir en un terreno desolado?

El Olvido nos juega malas pasadas, tratamos desesperádamente de agarrarnos a recuerdos que son parte de nuestra identidad, inventamos maneras de recuperar nombres, caras…pero no siempre lo conseguimos. La vida que fue se diluye, se nos escapa como el agua entre los dedos. Este relato representa la lucha permanente contra la pérdida más grande que puede sufrir una persona: la de la identidad que nos da el pasado.

Jose María Sánchez Alfonso

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Sestina del sextante

Claudio Curia

Suena la blackberry de un magnate

Desnuda en la cubierta su amante

Cuando vira a estribor el yate

Quién le acusa de mangante

Si se quedó todo el rescate

Para invertirlo en circulante

 

Desde un mercedes negro circulante

Hace y deshace el magnate

Enjoyada y perfumada va su amante

Siempre acude a su rescate

Pero que traidora del mangante

Calentando a los capos en su yate

 

En Bruselas fue el rescate

Del Estado sacó el circulante

En Wall Street llegó a magnate

París le brindó la amante

El yerno del Rey le regaló el yate

Y en Marbella…. se hizo mangante

 

Moreno y operado el mangante

Navega poderoso en su yate

Bodegas llenas de circulante

En pelotas toma el sol el magnate

Mientras en Sinatra’s su amante

Se bebe todo el rescate

 

Zarpa ya el enorme yate

Melena al viento va el mangante

Prepotente como todo magnate

Sin barreras por un mundo circulante

Los mercados fieles y al rescate

Y en el camarote…su amante.

 

De cama en cama va su amante

Siempre caliente y al rescate

Captando inversores para el mangante

De Chanel a Gucci, de Cartier al yate

Se fue fundiendo el circulante

Incluso se fumó el puro del magnate.

 

Al fin el yate encalló en un banco de circulante

Mientras el mangante se ahogó en el rescate

Y un nuevo magnate se hundió en los pechos…. de la amante.

Jose María Sánchez Alfonso

Socio de Marbella Activa y miembro del jurado del Concurso de Relatos de Marbella Activa

Próxima estación

MetroDesde Marbella Activa siempre hemos promovido mirar lo que ocurre en otras ciudades, que seamos una pequeña ventana por la que podamos observar las buenas prácticas y experiencias de  otras urbes del mundo en temas de gobernanza, sostenibilidad, urbanismo, movilidad, en turismo entre otros temas. No hace falta irse muy lejos para ver que cuando la inteligencia de muchos personas y colectivos se reúnen con el fin de mejorar ese espacio común que se llama ciudad todo se puede conseguir. Hablamos de Málaga y su cambio espectacular. No es casualidad, 20 años de planificación estratégica pilotadas por la Fundación CIEDES, la primera en España para promover de forma independiente una ciudad para el futuro.

 En este nuevo artículo de Jose María Sánchez Alfonso nos indica en clave de movilidad y smartcities que lo que puede parece un sueño para muchas personas, en un puñado de ciudades del mundo ya es posible. Es cotidiano ya, tan cotidiano que esos ciudadanos privilegiados se mueven por su ciudad usando esa trama mágica con toda naturalidad, como si llevara siglos funcionando. Pero para que estas ciudades se hayan convertido en “smart”, sostenibles o que tengan sistemas de movilidad integrada ha hecho falta mucho trabajo de planeamiento, muchos años de plan estratégico y de participación. Y lo más importante, hace falta un modelo de ciudad, porque todas las urbes no son iguales. ¿Tenemos un modelo de ciudad para Marbella?

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Los espejos de la Historia

Excursion Daidin 7RLos hechos o acontecimientos que tuvieron lugar hace cinco siglos en Al-Andalus no son la Historia, o al menos no son toda la Historia. Solo son datos, cifras y años. Y yo me resisto a que eso pueda ser todo. No sería justo contentarnos con unos libros llenos de historias, cuando la Historia con mayúsculas sigue su curso a través de los siglos. Por eso propongo que pensemos en la Historia como una sucesión, un flujo de información que va pasando de generación en generación. Pensemos en un juego de espejos que cada cierto tiempo se coloca frente al anterior y que refleja todo lo que se sabe o se recuerda, y así a lo largo de los años: todo lo que fue y no fue, todo lo que se recuerda y lo que se olvida, reflejándose según el espejo del presente. Y así en una sucesión de espejos que hacen reflejar las imágenes y llevarlas hasta el presente, que le toca vivir a la generación que vive.

Y lo que nos queda en ese último reflejo es la imagen viva de la Historia, es la verdad, es la esencia. La justicia por los que fueron. Ese último espejo es el que nos cuenta lo que realmente pasó. Es la Memoria. 

Y por eso es tan importante quién sostiene ese espejo,  la Memoria, porque esa generación la estará custodiando.

Este relato le pone nombres y apellidos a los descendientes de aquellos que tuvieron que huir de Al-Andalus, dejando sus casas, sus tierras y su país. Los que pudieron hacerlo, porque muchos fueron masacrados. Este breve relato es un homenaje a los que con tanta dignidad custodian la Memoria.

José María Sánchez Alfonso

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La ciudad que no existe

Marcos en Navidad RNuevo relato con el que nos obsequia Jose María Sánchez para contarnos sobre la ciudad que no existe.

“A las 11 de la mañana Nicolás Tabaré ya está sentado en posición de loto sobre el empedrado frío de la calle del Carmen, desliza con maestría la yema de los dedos sobre la superficie metálica de su hang. Su mano izquierda, mientras, marca un ritmo fundido en bronce. El efecto es un sonido antiguo que parece bajar planeando por las laderas del Himalaya, una música armoniosa que pasa desapercibida para los viandantes tan cercanos, tan ausentes….”

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No me hables, por favor. Ni me digas adiós

Atardecer en el Puerto 2 RAnte todo desearos un año 2015 repleto de sueños y proyectos para cumplirlos. Estrenamos este nuevo año con un artículo de nuestro socio y poeta Jose María Sánchez Alfonso. No te lo pierdas

Se desvanecen los tiempos como si nunca los hubiéramos vivido, siquiera sufridos día a día. Se evapora un año, se derrumba como un gigante de barro al que le llegó la hora, ocurre súbitamente a las doce de una noche cualquiera de invierno. Y sin previo aviso lo sustituye otro año, un completo desconocido que sin ser invitado se cuela en nuestras vidas sin tocar en la puerta…

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