Términos y condiciones III

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Hombres Salvajes

Usan el wasap como principal herramienta de comunicación; es simple, directo, sin complicaciones gramaticales, y tiene más emoticonos que las variedad de emociones que podrían sentir en toda una extensa vida. En la configuración de notificaciones eligen como tono de mensaje el “Bugle”, la corneta que levanta a la tropa de confederados de madrugada, sin contemplaciones, y la estimula para la batalla inminente, a cazar indios. No usan el sofisticado Facebook, ni el remilgado y políticamente correcto Twitter, ambos son una pérdida de tiempo, y el tiempo es un lujo en la guerra. En esa guerra, cruzando la interminable pradera, morirían épicamente por su Real Madrid y su Málaga, y si hiciera falta se dejarían el pellejo por su cofradía, por su chiringuito, y por encima de todo: la Tribu.

A mí me están sonando los trompetazos del “bugle” desde las 8 de la mañana hasta 11 de la noche, cada día desde hace unos cinco meses, cuando me uní al grupo de ciclismo de montaña. Yo pienso que no soy un completo salvaje todavía, creo que no porque, de momento, mi mujer no me echa miradas, pero si admito que me esté embruteciendo poco a poco y sin darme cuenta. Y me he decidido a escribir este texto como testimonio de mi hipotético deslizamiento por una cuesta abajo irreversible, para que conste por escrito mi involución, la conversión (¿o es una vuelta a los orígenes?) al feliz y sencillo mundo de los Hombres Salvajes.

En ese mundo no se conoce la argumentación ni la búsqueda de razones, no se analiza la realidad ni los acontecimientos diarios, no hay alternativas que valgan, ni otros mundos ni utopías, no hay espiritualidad ni monsergas de ese tipo. Sobran los conceptos y las metáforas. La vida ahí es extremadamente sencilla: o estás en forma o no sobrevives. No hay ideologías ni tendencias, la bicicleta puede estar llena de mierda y barro pero las ruedas tienen que estar bien hinchadas y la cadena engrasada. Te puede haber costado un pastizal o ser una barata de Decathlon, pero en los descensos mejor te agarras al manillar como a la misma vida, y en las subidas con un sol vertical de 28 crueles grados no hay cerebro ni pensamientos: eres todo hígado y piernas.

Desde que me uní a esta tribu no me fío de los tipos cultos, ni de los muy leídos o remilgados, como solía hacer antes. Ahora las frases intelectuales o con cierta profundidad me recuerdan al sonido rasgado y áspero de un machete al salir de su funda, o al chasquido metálico de las navajas al abrirse, y desde luego hacen mucho más daño que un simple y sonoro “vete a la mierda, hijo puta”. Yo mismo me asombro de mi nueva tendencia de mandar a freír espárragos a aquellos que van por ahí moralizando y contando sandeces, o recitando proverbios filosóficos que se saben de memoria.

Mi nueva tribu se llama “Multibikers Madrugadores”, lo de madrugadores no necesita explicación, pero lo de “Multibikers”… sinceramente, y conociendo un poco el idioma inglés, se me hace difícil de entender (hace poco me atreví a preguntarle al jefe y me contestó: “ni puta idea José María pero ¿a que suena bien?). El líder del grupo no lee, eso quiere decir que no abre un libro, jamás, no los quiere ni ver, lo único que lee es la próxima ruta de fin de semana en la pantalla del móvil, lo que mis nuevos colegas llaman con esa meridiana claridad, tan malagueña, “er tra der wikiló”. Todo lo demás es petulante e inútil literatura: la factura de la compra del supermercado, la hoja de aviso de la comunidad pegada en el ascensor, la carta de aviso de ITV de la Junta de Andalucía, demasiadas palabras, mucho rollo. La Vida es mucho más sencilla que eso y la ecuación para el éxito no requiere de memoria alguna ni más esfuerzo que el necesario: comer, dormir, follar. Y luego trabajar, la parienta contenta, y la suegra al Mercadona. Y la inmensidad de tiempo que sobra al aplicar la ecuación se dedica a “er tra der wikiló”. No hay jerarquías ni normas escritas en este mundillo, todos somos colegas, todos somos iguales y soltamos las mismas expresiones y palabros por la boca, salvo algo de verdad sagrado, una línea roja que nadie se atrevería a traspasar: el jefe de la tribu es el único con el Wikiloc premium, eso le da el privilegio de llevar la ruta online durante la salida del domingo. Le permite ir abriendo camino, pedalear más chulescamente, y pavonearse cuando nos dice eso de que nos hemos salido del “tra” medio metro por la izquierda.

Estos seres maravillosos no saben qué demonios es la Social Democracia o la Monarquía Parlamentaria, ni idea del Brexit, del flequillo de Jared Kushner, el transporte sostenible o los planes estratégicos. Pero paran todos a una si alguien pincha o se pega una hostia (como ya lo he experimentado yo por desgracia), comparten todo el agua de su botellín, y la bolsita de frutos secos es de dominio público. No han oído hablar de la reciente fusión de las músicas Indie y TeenZ, para ellos toda la música del mundo cabe en El Barrio y es más que suficiente para vivir de lleno. No han oído hablar del Espen Erikssen Trío o de Elvira Nickolaisen pero tienen muy claro que la Lealtad está por encima de todos los sonidos y tendencias.

Para esta gente no existen los dilemas morales, solo hay desniveles. Nada de crisis existenciales: si se pincha se cambia de cámara y se tira para adelante, punto. No hay problemones ni dramas, hay agobios que se olvidan después de tres horas en el “tra” y una parada para cervezas y ensaladilla rusa. La vida no les da golpes ni reveses: si se te clava la bici en una pista embarrada y te deslomas contra el carril pues te levantas y de un salto te pones a pedalear. Siempre para adelante, siempre haciendo pelotón. Esta gente no son amigos, son colegas.

Y así podría seguir, hasta aburrir a los lectores de este blog, pero tanto el editor de Términos y Condiciones como el presidente de Marbella Activa, a los que conozco tan bien, y que son buenos tipos con sanas ambiciones (pero también sabios de fácil deslizamiento hacia una vanidosa intelectualidad), me tienen marcados límites muy estrictos a la extensión de estos relatos o reflexiones mundanas. De modo que termino, pero como también soy perdidamente poeta, aún semisalvaje, no puedo hacerlo sin deciros que de la última ruta, que duró dos días, volvimos verdes de Janda, salados de Bahía, exhaustos de colinas y más colinas de flores, azules de pantanos y lagos que parecían interminables. Rodamos en silencio, contemplados por todos los animales de esa esquina luminosa del mundo, empapados de esa mirada plácida de las vacas retintas, que parecían pensar: “ojalá que todos los hombres fueran tan civilizados como estos hombres salvajes”.

Y cierro porque empieza a sonar mi Dios privado, Jason Mraz, con su increíble álbum We Sing, We Dance,We Steal Things, y eso es sagrado.

© José María Sánchez Alfonso

Cinco días de diciembre

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SÁBADO, LAS LIBRETAS AZULES DE AUSTER

El último día en Lisboa lo dedicamos a buscar la Papelería Palacio do Papel, donde Paul Auster compró las libretas azules que luego vendía el señor Chang en La noche del oráculo. El dueño de la solitaria librería Anticuaria, en el número de al lado del Largo do Calhariz, sale a regañadientes de su penumbra y en voz baja me dice que cerraron hace un año, apenas sosteniendo la mirada. Resignado a la próxima desaparición de las tiendas antiguas del Chiado, de su librería, de sí mismo. Siento vergüenza por haber preguntado y me despido con un “obrigado, bon día”.           

Sin libreta azul. Tomamos una Bica en el mirador de Santa Caterina con vistas al Tajo y el puente. Esta ciudad es una conversación en susurros, Lisboa es poesía, calzadas empedradas en blanco y negro, kioscos donde cae la lluvia fina del invierno. La última noche nos parece que la cúpula de la basílica da Estrela rasga la neblina y toca estrellas que no vemos. En Portugal nada se puede asegurar, las cosas simplemente suceden o no.

DOMINGO, 25 DE ABRIL 

A las 9 ya volamos sobre el Tajo, manteniendo el coche en el carril central del puente 25 de abril, por mi temor a sentir vértigo. Joanna mira por mi, y dice que la ciudad, abajo, despierta preciosa, y comenta algo sobre el océano verde al otro lado. El sol de invierno a duras penas aparece sobre las colinas de Almada, al sur. Aceleramos hacia el Alentejo, pensando en un galao en Beja. Una autopista vacía, una carretera secundaría entre vacas y ovejas, hileras de olivos enanos.         Sigue leyendo

Time after time

(Un relato de viajes)

PastedGraphic-1“No pido a la vida nada sino que se deje mirar”. Esta sencilla reflexión personal la hizo Cesare Pavese en uno se sus adictivos relatos. Yo solo pediría que fuera el mar quien se deje mirar.

Porque es sorprendente comprobar como algo tan visto e ignorado como la orilla pueda resumir aspectos tan sutiles de nuestra vida; por un lado el rugido de las olas de Poniente ahoga todo el ruido de ese mundo que queremos olvidar, y a la vez el continuo vaivén de nuestra memoria mimetiza el movimiento rítmico del mar.

Nos sentamos en cualquier playa, dando la espalda a una vida que a veces es inexplicable, frustrados por esa manía tan humana de querer analizar y encontrar una explicación a todo, y de repente se esfuma el mundo. Intuimos, incluso vemos, recuerdos que parecen flotar en esa zona alejada del litoral, una zona que solo alcanzaríamos si hubiera un barco a mano, pero ese barco resulta no estar nunca cuando lo necesitamos, de modo que nuestro pasado queda al albur de las corrientes, de los vientos y de las olas para volver a su origen, nosotros.

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Atemporal shimano

Suena Chet Baker, Time after Time, una y otra vez. Suena por la mañana, una mañana amplia de octubre, sin horas, tranquila. Pasan las nubes lentas y el piano marca un compás limpio, el sonido de la trompeta viene como una brisa.

Su propia brisa.

Un descanso en el trabajo, estoy en casa y de una palmada cierro el portátil. Cojo la libreta roja, el lápiz, y salgo a la terraza. Llega el jazz atenuado desde el interior, el piano sube el ritmo pidiendo paso. Surge una voz íntima de fondo, de hombre. Joe Barbieri canta lento, sin prisas. Le sobra el tiempo. A lo lejos, muy al norte, se iluminan los acantilados del Torcal.

Vivo a las afueras, por donde pasan esos hombres que huyen, vivo donde muere la playa, donde planean los cormoranes buscando la noche, pasa la gente en charla automática y malediciente, vivo donde se cuela el aire del mar entre los eucaliptos. Cuando sopla fuerte se detiene el piano y sube dos tonos Barbieri. Huyen los hombres, de su propio silencio, conducen o caminan a prisa, ocupan todos los carriles, pero no generan brisa, tanto ruido solo genera temor, y mas prisa.

Ahora les acompaña una mujer, va delante con una bandera blanca, va ahogando el sonido del viento, el ruido de la misma huida. La mujer les indica el destino de la marcha, hacia el destierro les grita, y aprietan la marcha todos a la vez. La voz femenina asusta a Barbieri, pero no puede con el piano de Baker.

Los hombres a la huida arrastran el ruido de sus palabras, de sus máquinas demenciales. Y el silencio, viejo diablo, siempre esquivo, no se deja atrapar tan fácilmente. A esos hombres, que arrastran el ruido como cadenas de presidiario, se les hunde la orilla a cada paso, el oleaje no les sopla, y sus piedras son rocas calizas que se desmoronan con el viento. Dejan la ciudad sola, callada, en silencio. El carril bici queda vacío. Para mi holandesa, para mí.

Palabras, máquinas, frases interminables, artefactos a motor de combustión, inventados por ellos mismos, parrafadas que queman, pistones y bielas engrasadas, mecanismos autónomos y contaminantes. Como un ejército de madrugada, con la furia desatada a la altura del telepeaje, las tarjetas de crédito levantando barreras solo para huir mas a prisa, solo para seguir a la carrera. Un run run parlanchín, hombres guiados por mujeres de lengua hastiada, un palabrerío sin fin hacia el argumento definitivo que supuestamente acabará con esta conversación mercantil, en una explosiva fusión. Y las víctimas… yo… en los arcenes de la insumisión. 

Vuelve el silencio, la voz de Barbieri, el piano de Baker, para quedarse en la ciudad callada, en  estas afueras mias, con la orilla repuesta ya por el oleaje.

Termina el jazz dando un salto a la bicicleta. Rendido a ella, como dos enamorados, mi holandesa y yo recorremos el paseo de poniente todas las mañanas, atrapando el silencio, time after time, una y otra vez, hacia las grúas del puerto, a la caza de la felicidad que genera nuestra propia brisa, el carril rojo y desierto, los oasis entre nosotros y el mar, la vida sin añadidos. El Silencio llega al mundo en bicicleta, sobre un rumor de cadenas limpias y timbres de metal viejo, el clack atemporal de Shimano, cambiar de ritmo sin necesidad, el deseo girando con los pedales. Sale un crucero del puerto hacia el Atlántico, va sin prisa. A lo lejos van los furiosos conductores con la mujer gritando al frente, la bandera sucia de polución, se alejan de las afueras, corren hacia su teclado suave y envenenado, hacia la telaraña social de FB.

El silbido adicto del mensaje de WhatsApp, que se va convirtiendo en el sonido de la Eternidad.

Son diez kilómetros de ida y vuelta y siempre nos volvemos a casa sin la felicidad, pero la holandesa me guiña con su faro cromado: nos basta con seguirle el rastro, al ritmo de Chet Baker, Madeleine Peyroux o  Gianmaria Testa. ¿Nos llegó la sal de mar, no? pues de eso se trata, la felicidad sin buscarla, sentir solo su rítmico equilibrio, el rumbo hacia las grúas del puerto, sobre el carril bici zigzagueante. Que huyan, que griten, que hablen sin parar, nosotros seguiremos enamorados, echando vistazos a los lados del paraíso.

Acabamos en el oasis de siempre, nos tumbamos bajo nuestra palmera, me abraza con su manillar curvado, me rodea con su cálida estructura negro mate, y miramos al mar del otoño. Cuando tengo los ojos cerrados siento que me coloca los auriculares, puedo leer sus labios: “escucha esto, Heroes & Saints de Nickolai Grandjean”. Y la felicidad vuelve, con su propia brisa.

José María Sánchez Alfonso. Octubre 2016

¿Existe París?

Torre_Eiffel-125_aniversario-Francia-Paris_MDSIMA20140331_0345_35El reloj ilumina la mesita de noche con la luz tenue y rojiza de sus números digitales, marca las 3:47 am. Hace varias horas, sobre las once, mi mujer me dio las buenas noches con un suspiro, y de un giro se abrazó a su almohada. Es noviembre y la casa está fría.

Ya no llega el resplandor de las farolas del parque, se apagaron automáticamente a las 3 en punto dejando al dormitorio en una densa e interrogante oscuridad propia…

Os dejamos este nuevo relato de nuestro socio José María Sánchez Alfonso.

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Teoría del desembarco

TeoríaOs recomendamos este relato de nuestro socio y escritor José María Sánchez donde personajes complejos nos cuentan la historia de un desembarco que envuelve y asedia en salmuera y calima a una ciudad cercana y conocida. Una historia que nos muestra como podemos dar por asentada y estable la realidad cuando en cualquier momento nuestro mundo cotidiano puede dar un vuelco de ciento ochenta grados.

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La tiranía del olvido

La tirania del olvido¿Por qué la ciudades donde hemos vivido nos marcan de tal manera?, ¿Cómo pueden las calles recorridas llegar a las afueras de nuestra memoria y morir en un terreno desolado?

El Olvido nos juega malas pasadas, tratamos desesperádamente de agarrarnos a recuerdos que son parte de nuestra identidad, inventamos maneras de recuperar nombres, caras…pero no siempre lo conseguimos. La vida que fue se diluye, se nos escapa como el agua entre los dedos. Este relato representa la lucha permanente contra la pérdida más grande que puede sufrir una persona: la de la identidad que nos da el pasado.

Jose María Sánchez Alfonso

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Sestina del sextante

Claudio Curia

Suena la blackberry de un magnate

Desnuda en la cubierta su amante

Cuando vira a estribor el yate

Quién le acusa de mangante

Si se quedó todo el rescate

Para invertirlo en circulante

 

Desde un mercedes negro circulante

Hace y deshace el magnate

Enjoyada y perfumada va su amante

Siempre acude a su rescate

Pero que traidora del mangante

Calentando a los capos en su yate

 

En Bruselas fue el rescate

Del Estado sacó el circulante

En Wall Street llegó a magnate

París le brindó la amante

El yerno del Rey le regaló el yate

Y en Marbella…. se hizo mangante

 

Moreno y operado el mangante

Navega poderoso en su yate

Bodegas llenas de circulante

En pelotas toma el sol el magnate

Mientras en Sinatra’s su amante

Se bebe todo el rescate

 

Zarpa ya el enorme yate

Melena al viento va el mangante

Prepotente como todo magnate

Sin barreras por un mundo circulante

Los mercados fieles y al rescate

Y en el camarote…su amante.

 

De cama en cama va su amante

Siempre caliente y al rescate

Captando inversores para el mangante

De Chanel a Gucci, de Cartier al yate

Se fue fundiendo el circulante

Incluso se fumó el puro del magnate.

 

Al fin el yate encalló en un banco de circulante

Mientras el mangante se ahogó en el rescate

Y un nuevo magnate se hundió en los pechos…. de la amante.

Jose María Sánchez Alfonso

Socio de Marbella Activa y miembro del jurado del Concurso de Relatos de Marbella Activa

Próxima estación

MetroDesde Marbella Activa siempre hemos promovido mirar lo que ocurre en otras ciudades, que seamos una pequeña ventana por la que podamos observar las buenas prácticas y experiencias de  otras urbes del mundo en temas de gobernanza, sostenibilidad, urbanismo, movilidad, en turismo entre otros temas. No hace falta irse muy lejos para ver que cuando la inteligencia de muchos personas y colectivos se reúnen con el fin de mejorar ese espacio común que se llama ciudad todo se puede conseguir. Hablamos de Málaga y su cambio espectacular. No es casualidad, 20 años de planificación estratégica pilotadas por la Fundación CIEDES, la primera en España para promover de forma independiente una ciudad para el futuro.

 En este nuevo artículo de Jose María Sánchez Alfonso nos indica en clave de movilidad y smartcities que lo que puede parece un sueño para muchas personas, en un puñado de ciudades del mundo ya es posible. Es cotidiano ya, tan cotidiano que esos ciudadanos privilegiados se mueven por su ciudad usando esa trama mágica con toda naturalidad, como si llevara siglos funcionando. Pero para que estas ciudades se hayan convertido en “smart”, sostenibles o que tengan sistemas de movilidad integrada ha hecho falta mucho trabajo de planeamiento, muchos años de plan estratégico y de participación. Y lo más importante, hace falta un modelo de ciudad, porque todas las urbes no son iguales. ¿Tenemos un modelo de ciudad para Marbella?

Ver artículo Próxima estación

Los espejos de la Historia

Excursion Daidin 7RLos hechos o acontecimientos que tuvieron lugar hace cinco siglos en Al-Andalus no son la Historia, o al menos no son toda la Historia. Solo son datos, cifras y años. Y yo me resisto a que eso pueda ser todo. No sería justo contentarnos con unos libros llenos de historias, cuando la Historia con mayúsculas sigue su curso a través de los siglos. Por eso propongo que pensemos en la Historia como una sucesión, un flujo de información que va pasando de generación en generación. Pensemos en un juego de espejos que cada cierto tiempo se coloca frente al anterior y que refleja todo lo que se sabe o se recuerda, y así a lo largo de los años: todo lo que fue y no fue, todo lo que se recuerda y lo que se olvida, reflejándose según el espejo del presente. Y así en una sucesión de espejos que hacen reflejar las imágenes y llevarlas hasta el presente, que le toca vivir a la generación que vive.

Y lo que nos queda en ese último reflejo es la imagen viva de la Historia, es la verdad, es la esencia. La justicia por los que fueron. Ese último espejo es el que nos cuenta lo que realmente pasó. Es la Memoria. 

Y por eso es tan importante quién sostiene ese espejo,  la Memoria, porque esa generación la estará custodiando.

Este relato le pone nombres y apellidos a los descendientes de aquellos que tuvieron que huir de Al-Andalus, dejando sus casas, sus tierras y su país. Los que pudieron hacerlo, porque muchos fueron masacrados. Este breve relato es un homenaje a los que con tanta dignidad custodian la Memoria.

José María Sánchez Alfonso

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