
“Todos los políticos son iguales”. Desde hace ya algún tiempo circula este mensaje. Es un mensaje interesado para desactivarnos políticamente y dejar el campo libre a los “profesionales”. Por facilón ha calado y hoy es fácil escuchar eso de “Yo no quiero saber nada de política. Me da asco. Todos los políticos son iguales”. Y se quedan tan tranquilos/las. No, mire, usted lo que no quiere es molestarse en argumentar su postura ni entrar en un debate que puede ser áspero porque no estamos acostumbrados a argumentar de forma desapasionada, sin creer que nos atacan y sin sacar la batería acumulada (argumentario sacado de los nuestros que muchas veces ni nos hemos parado a pensar) que no deja llegar a conclusión alguna y puede afectar a la relación personal. No nos hemos parado a pensar que seguir este pensamiento es renunciar a nuestra libertad. Cuanto más politizados estemos, más libres seremos. Si no participamos en el proceso, otros lo harán por nosotros.
Y no. Por supuesto que no. No todos los políticos son iguales. A poco que nos fijemos, es fácil distinguir los que van a defender sus argumentos con el respeto y la consideración debida a cualquier persona y los que no; los políticos que van al Parlamento a construir, a mejorar los proyectos legales y los que se dedican a destruir por destruir. Estos últimos aplauden, gritan, insultan y cobran un buen sueldo a fin de mes. Les trae sin cuidado el deterioro que causan al sistema democrático porque piensan que no hay democracia hasta que gobiernen ellos. Son la claque necesaria al jefecillo de turno y todos buscan su momento de gloria para justificar su presencia. Deberían estar prohibidos sujetos así, pero acabarán por cargarse el sistema democrático si no somos capaces de aislarlos. Y no, no penséis que hablo de figurillas, de segundones, que también. Hablo sobre todo de primeras figuras que vienen a contarnos lo malos que son los otros sin aportar sus soluciones. Hablo, sobre todo de esas primeras figuras que insultan y que se creen en posesión de la verdad y de los españoles. Los que pensamos distinto o bien no contamos o simplemente somos enemigos de la patria, su patria. Esto cada vez es más triste y más peligroso. Ahora, además, pretenden convencernos de que el odio y la violencia vienen del otro lado. Repito, solo hay que mirar.
Paco Cervera. Profesor de historia y presidente de Marbella Activa.



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