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2 mayo, 2026
La especie de vacío que produce la última página de un buen libro ha coincidido en este caso con la última reflexión del presidente de Marbella Activa, Francisco Cervera sobre la regularización de migrantes. Su discurso consuela tanto como aterra la propuesta de uno de los concejales de VOX en el Ayuntamiento de Marbella solicitando la aplicación del principio de prioridad nacional. La naturaleza cosmopolita de una ciudad en la que antes del desarrollismo habitaban decenas de nacionalidades; en la que en los años sesenta los autóctonos ya eran minoría y en la que, en la actualidad, hay más de un centenar de nacionalidades mantenía la esperanza de que no sería contaminada por el veneno nacionalista. Pero lo mismo pensaban los ciudadanos de Sarajevo antes de que Milosevic convenciera a los serbios de que la suya era la prioridad nacional en lo que aún era Yugoslavia.
La hija del Este es el relato del ascenso del nacionalismo que derivó en la última guerra del siglo XX. En los años noventa la causística que trajo a España a miles de personas de los Balcanes parecía lejana. Pero todos los nacionalismo beben de la misma fuente : el supremacismo de unos grupos sobre otros a los que hay que eliminar. Ese discurso germina a nivel colectivo en comunidades a las que moviliza un supuesto agravio material y halla su mejor abono en la existencia de alteridades percibidas como amenazas identitarias. Es lo que pretende VOX alentando la xenofobia y convirtiendo en signos de españolidad valores contrarios a la igualdad, al progreso social y al desarrollo intelectual.
Ana Madlic, hija de Ratko Mladic, el general serbobosnio que permitió el genocidio de Srebrenica conduce en esta novela -absolutamente fiel a los hechos históricos- las esencias más puras del serbianismo: los serbios eran marginados en su propio territorio nacional; su grupo étnico peligraba ante el empuje cultural de los croatas y biológico de los kosovares. Los musulmanes eran alentados desde las mezquitas a establecer en Bosnia una república islámica y en Kosovo amenazaban con expulsar a los serbios de sus casas; la salvación de la fe ortodoxa exigía la eliminación del Islam en Bosnia y la neutralización de la influencia católica en la regiones croatas habitadas por serbios. El odio al vecino de toda la vida se convirtió en un proyecto político. En su famoso discurso del Campo de Los Mirlos, Milosevic enfervorizó a decenas de miles de serbios apelando a los componentes de cualquier nacionalismo. Esos que hacían temblar a los pacifistas serbios: orgullo patrio, dignidad serbia, defensa de la tradición, del folklore, de las costumbres seculares, de la gloriosa historia, de la religión, de los popes, de la bandera…
El serbianismo era la herencia familiar de Ana Mladic. La llevó consigo manteniendo un difícil equilibrio tanto en la Universidad como en la convivencia con sus amigos pacifistas, opuestos a la guerra de Bosnia. Ese equilibrio estalló en un viaje de fin de curso en Moscú cuando descubrió la magnitud de la violencia desatada por el nacionalismo serbio contra los musulmanes y la responsabilidad de su padre, a quien sus amigos más cercanos consideraban un criminal de guerra. Era la mirada pacifista de gente como su amigo, Danilo Papo quien defendía su neutralidad desde su condición de judio, capaz de rezar en serbio, en croata, en sefardi…. para quien el nacionalismo es solo una categoría individual que se alimenta de la repudiación…
Ana Mladic estudiante de medicina en Belgrado, se suicidó en marzo de 1994. Tenía 23 años. Nunca había cuestionado la legimitidad de la causa serbia hasta que descubrió que los enemigos eran seres humanos y que la repudiación del otro es el principio de la deshumanización propia. La hija del Este es un libro aleccionador, un aviso para navegantes…
Lucia Prieto Borrego es historiadora, profesora de Historia Moderna y Contemporánea de la UMA y socia de Marbella Activa.



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