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May '26
2 mayo, 2026
Cuando Vox pone en marcha el proceso de deshumanización de los inmigrantes, y el Partido Popular les sigue, echo mano a mi propia experiencia sobre el tema. He conocido a muchos inmigrantes y, por más que he buscado los rasgos que según ellos los definen: delincuentes, que vienen a quitarnos el trabajo, que son especialistas en buscar las ayudas estatales, que son una amenaza para nuestras mujeres, que quieren atacar nuestras creencias…solo he encontrado personas como tu y como yo que viven de su trabajo, que cuidan de su familia, que te tratan con amabilidad y son capaces de intercambiar favores. Que están aquí, como estuve yo en Alemania cuando era joven y necesitaba pagarme unos estudios, para mejorar sus vidas y las de su familia; pero, sobre todo, porque necesitamos su trabajo, igual que Alemania y Francia y Suiza necesitaron el nuestro después de la brecha demográfica que provocó la Segunda Guerra Mundial. No vienen a quitarnos nada: están aquí porque les necesitamos. Y, por supuesto tienen derecho a tener derechos, ni más ni menos que nosotros.
He conocido a Felipe, un albañil de Ecuador, un albañil de los de antes, de los que saben hacer un buen trabajo, de los que buscan solución a los problemas que le presentas,incluso arriesgando órdenes de su jefe. Cuando acababa su horario, se iba a echar una mano a otros compatriotas que habían conseguido un hogar destartalado porque no hay otra cosa. Tomamos algunas cervezas que nos fueron abriendo al intercambio de sentimientos. Solo encontré bondad. Conozco a Ahmed, mi peluquero. No solo me corta el pelo, escucha con atención mis comentarios, se interesa por mi familia, siempre saluda con alegría y está dispuesto a hacerme un hueco cuando lo necesito. Hablamos de todo, incluso de creencias y los principios morales son muy parecidos. Con él he aprendido que el mundo no se divide en gente de aquí y gente de fuera, sino entre buena y mala gente, seas de donde seas. Conocí también a Iván, un ucraniano de contagiosa alegría que desaparecía cuando le preguntabas por los suyos. Era especialista en trabajos verticales y parecía no tenerle miedo a nada. Y a Kateryna, también de Ucrania, una chica que limpiaba en la casa de mi hija, muy callada que echaba luego una mano en la escuela donde estaban sus hijos.
Y he visto en nuestras calles un auténtico ejército de mujeres latinas y africanas llevando de la mano o empujando sillas de ancianos, escuchando las historias que tal vez nadie se paraba a escuchar. Seres humanos como tú y como yo, aportando su grano de arena en la construcción de este país. ¿Con qué derecho vamos a convertirlos en ciudadanos de segunda categoría?
Paco Cervera es profesor de Historia y presidente de Marbella Activa.



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