
Hemos dinamitado ya muchos puentes en este intento continuo de defenestrar a nuestros rivales ideológicos, olvidando que en lo esencial (la defensa de la democracia y los derechos humanos) tenemos muchos puntos en común que deberíamos seguir defendiendo juntos frente a este ataque desmedido del fascismo puro, de esta ultraderecha nacionalpopulista que sigue avanzando, aprovechando las grietas que abrimos en nuestra propia pelea. No busco culpables: los hay tanto en la izquierda como en la derecha. Busco abrir una reflexión que nos está costando el abandono de gran cantidad de jóvenes, aburridos ya de nuestras peleas y de la falta de atención a sus problemas reales.
Apenas unos años atrás la alternancia en el gobierno no suponía hecatombe alguna y hoy provoca reacciones desmedidas de pánico en ambos lados. ¿Acaso hemos perdido la capacidad de convivir con el que piensa distinto? No lo creo. En la vida real lo hacemos en la familia, en el grupo de amigos, en los colegas de trabajo, en la comunidad de vecinos…Y no pasa nada. Solo nos inquietan los radicales, los “puros”, sean del signo que sean, los que están convencidos de que la verdad les pertenece. Y a esos les vamos dando de lado porque solo pretenden imponer lo suyo a costa de lo que sea. No tenemos duda de que, si pudieran, nos harían pagar con desmesura nuestra libertad. Ahí tenemos el ejemplo de Trump.
La tolerancia es clave para que el sistema democrático pueda funcionar. Los rivales políticos tienen derecho a competir por el poder y gobernar. Es necesario aceptarlos como adversarios legítimos. Son tan patriotas como nosotros y cumplen la ley de la misma manera. Por eso habría que evitar el uso de etiquetas llenas de prejuicios que buscan dividirnos. Tenemos mucho más en común de lo que podemos pensar. Al final, todos buscamos mayor seguridad, salud, educación y oportunidades. Otra cosa es la defensa frente a los líderes autoritarios, los que ya estamos viendo cómo llevan a cabo su programa de regresión democrática. Ahí los partidos democráticos deberían ser inflexibles y mantenerlos lejos de sus listas electorales y de sus alianzas. Y es ahí donde tengo que centrar esta reflexión necesaria, en los pactos que se están llevando a cabo para mantener el poder, tanto por unos como por otros. Si no reaccionamos, terminarán por imponerse, arrastrándonos a escenarios ajenos a la democracia y a los derechos humanos.
Paco Cervera es profesor de historia y presidente de Marbella Activa.



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