El arte de vivir como hermanos

Mi hijo acaba de cumplir 18 años, mi hijo podría tener dos hermanos de 19 años y un mes, dos hermanos mellizos.

Senegal, verano del 2.000

Ese verano me había apuntado a un viaje con Novell Frontiere; eramos ocho personas con tiendas de campaña, que en un camión del ejercito francés con un conductor-cocinero y un guía que hablaba español, nos fuimos a recorrer parte del país hasta llegar cerca de la Casamance, y desde allí, hacer campamento para acceder a pié hasta los poblados más aislados para llevar las medicinas que traíamos desde Barcelona, principalmente contra la malaria.

Ya en el aeropuerto conocí a un equipo de televisión que también se dirigía a Dakar, iban a rodar un documental sobre la malaria, el trabajo del orfanato de las monjas francesas y del Consulado Español. Es curioso como la vida te regala pequeños encuentros que resultan ser fundamentales en algunas decisiones de tu vida. Fue muy interesante escuchar toda esa información que tenían de la situación real del país. Los niños y niñas de entre cero y tres años tenían un indice de mortandad, por malaria de hasta un 30%.

Llegamos a Dakar, nos acoplamos en el camión y empezamos nuestro viaje, fuimos a San Luis, al lago Rosa, vimos, hipopótamos, cocodrilos y todo tipo de animales espectaculares, pero siempre, lo mejor con diferencia, las personas que nos íbamos encontrando en el camino.

Aunque, sin duda alguna lo mejor fueron los días que pasamos en el poblado cerca de la Camanche, donde decidí adoptar a dos hermanos de tres meses de edad.

Cuando llegamos a las afueras del poblado, nuestro guía fue a pedir permiso para poder acampar al lado de sus chozas, permiso que, por supuesto, fue concedido. Las chozas de adobe y paja de forma circular estaban alrededor de un fuego, una cama comunitaria en alto y un espacio para estar y bailar. Para recoger el agua íbamos cada día, unos 20 minutos al pozo, después poníamos pastillas potabilizadoras y con una botella cortada a ducharse.

 Las comidas se hacían en la zona comunitaria, cerca del fuego, en un gran bol ponían los granos ya machacados en las tinajas con los largos palos de madera, les añadían coco y a moverlas hasta que formaban un pasta, que posteriormente, amasaba a mano la cocinera mayor e iba pasando las bolitas a cada uno de los que estábamos allí. Los niños cogían por las alas las termitas que volaban acercándose a la luz y las echaban en latas, que luego ponían al fuego, nos comentaban que eran como nuestras palomitas, y después a bailar el baile de la bañera.

Nunca jamás he vuelto a vivir tanta generosidad acumulada en tantas personas. Una de las grandes lecciones de vida.

Nada más llegar, cuando vinieron todas las personas a presentarse a nosotros, y los vi, me dio un vuelco el corazón, los traían dos niñas (más tarde me llenarían la cabeza de trencitas), eran dos bebés de tres meses, dos preciosos niños que habían quedado huérfanos al nacer y su familia no se podía hacer cargo de ellos, por lo que irían al orfanato de Dakar.

Por la mañana cuando me levantaba, y todo el tiempo que podía, estaba con ellos; aunque bastó sólo el primer instante para tomar les cariño.

Antes de marcharme decidí intentar adoptarlos a los dos.

Recordé la conversación en el aeropuerto con el equipo de televisión, y lo que me ayudo a dar el paso.

En el poblado estaban contentos por mi propuesta y yo más. Me puse en contacto con las mojas del orfanato y nos pusimos a prepara la vía burocrática, yo tramite la documentación para obtener la idoneidad a través de la Generalitat y desde el orfanato se llevaba la tramitación al Consulado Español, aquella era la época Aznar.

Todo lo bien que iba la tramitación en Barcelona, iba de mal en el Consulado de Dakar, que siempre encontraban una excusa para no tramitar. Pasado un tiempo me dí cuenta que los periodistas y las monjas a su manera, llevaban razón, no se solían dar autorizaciones para adopciones con esa época.

El destino es caprichoso, a los pocos días de que la monja encargada de la adopción me dijera que veía difícil el tramite consular,  me enteré que estaba embarazada de mi hijo.

Hace unos meses estaba con unos amigos en la playa del faro de Trafalgar, en Cadiz, cuando vimos llegar una patera llena de personas que llegando a la orilla se tiraban al agua corriendo hacia la tierra.

Gracias a nuestro guía en Senegal aprendí a conocer algunas de las etnias que viven allí, tenía un conocimiento de su tierra envidiable, sabía cómo transmitirte toda la riqueza tan diversa y diferente de su país.

Entre estas personas de diferentes edades que llegaron con esas miradas entre miedo, alegría y respeto, había chicos de 18 años.

Mi hijo acaba de cumplir 18 años, mi hijo podría tener dos hermanos de 19 años y un mes, dos hermanos mellizos.

Fabiola Mora. 

PD: “Hemos aprendido a volar como los Pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.” Martin Luther King

Recuerdo cuando era niña

Recuerdo cuando era niña, el babi blanco para el colegio, la falda tenía que ser por debajo de las rodillas, nada de pantalones y mi lazo blanco recogiendo mi melena o adornando mis trenzas. 

Recuerdo que la explicación que nos daban a esta indumentaria parecía muy simple, pero en el fondo nos estaba marcando unas pautas de comportamiento, una división nada justa, entre niños y niñas.

El blanco, el color de la pureza, no sólo tenía que tapar nuestra ropa sino domar nuestro pelo, los pantalones eran para chicos y al igual que llevar la falda por encima de la rodilla no era de señoritas. Si las niñas no llevamos el pelo recogido con un lazo blanco, ¿ya no éramos puras?, si llevábamos la falda por encima de la rodilla ¿ya éramos unas ligerillas?, si no llevábamos el babi de color blanco ¿ya éramos unas insumisas?…

Recuerdo lo difícil que resultaba seguir todas estas reglas, realmente absurdas para unas simples niñas, pero sobre todo recuerdo que fue cuando aprendí que el género de una persona inexplicablemente sí importa, y que yo había nacido mujer.

Y que a los niños de nuestra edad se les estaba enseñando equivocadamente, que si un día quería llevar el pelo suelto ya no era pura, si llevaba una falda más corta entonces era una ligerilla, y si llevaba un jersey de rayas de mil colores era una insumisa. Recuerdo que en esta época empecé a ser consciente de todos esos tic educacionales y sociales que tanto mal están haciendo.

Desgraciadamente seguimos educándonos en una sociedad que hace que las mujeres tengamos que mirar hacia atrás, al caminar, al correr solas. Una sociedad anclada en esa educación de pelo recogido con lazo blanco, babi blanco y falda por debajo de la rodilla, como excusa para no poner la máxima pena por el delito cometido. Como siempre la Educación es nuestra asignatura pendiente.

Recuerdo lo feliz que estaba con mis amigas en las clases de Doña Isabel, y su manzana.
Esas mis amigas hoy en día son mujeres luchadoras, tiernas, atrevidas y todo lo que se puede esperar de unas grandes personas. Eduquémonos Todos y Todas para saber entender NO ES NO, para sentirnos seguras aún estando solas, para ser como queramos, sin etiquetas. Recuerdo que ODIO LAS ETIQUETAS.

Fabiola Mora Cañizares es socia y miembro de la Junta Directiva de Marbella Activa.

Mihintale y el significado de «aportar un grano de arena»

160905_ArtFabiola¿Qué tiene que ver Mihintale en Sri Lanka con Marbella Activa? Dicen que los viajes son alimentos para el alma. A nuestra compañera Fabiola Mora eso fue lo que le sucedió en su reciente viaje al conjunto de peregrinación de Mihintale en Sri Lanka. 

En todos los viajes siempre se aprenden cosas importantes y te cruzas con personas que te recuerdan el significado de frases que con el devenir del tiempo pasan a ser palabras cada vez más huecas de significado. Por eso viajar nos abre la mente y nos ayuda a recuperar la memoria. Te invitamos a descubrir con este artículo de Fabiola Mora como «aportar un grano de arena» puede cobrar todo su significado cuando se conecta con el espíritu más solidario que todos llevamos dentro y que desde nuestra asociación intentamos fomentar.

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